Estaba esperando a que llegara el momento. Después de muchas noches debatiéndolo todo, buscando una solución más practica a todo esto y tras escribirle cientos de mensajes y no enviarle ni uno, le echó valor y le llamó al móvil:
-Hola...-dijo con voz temblorosa.
-Hola, ¿qué tal?- respondió con toda confianza él.
-Me preguntaba si podríamos vernos... Ya sabes, hace mucho tiempo que quería decirte algo, ahora que ha pasado un tiempo, he vuelto de vacaciones y veo que tú has rehecho tu vida... podríamos, no sé, vernos, aunque solo fueran unos minutos.
-Claro, me parece bien, ¿dónde quedamos?-preguntó él.
-Donde siempre, ya sabes.
Llegó el día esperado. Estaba tan nerviosa que apenas se acordaba de lo que tenía que decirle. Se acomodó el pelo, cogió lo necesario y cerró la puerta de su casa.
Caminaba rápido, con nerviosismo. Pensaba y pensaba, se ilusionaba, se desilusionaba. Giró la esquina, y ahí estaba. La perfecta perfección personificada, o al menos, eso decía ella. Cada vez caminaba más despacio, pero los latidos de su corazón aceleraban poco a poco:
-Mmm, ese olor, ese perfume...-pensó- que recuerdos...
Todo era muy raro. Después de tanto tiempo, tantos días sintiendo todas esas sensaciones tan desagradables cada vez que salia el tema, cada noche que sentía que le necesitaba para poder soñar, y ahí estaban, cara a cara. No sabía como empezar, se quedaba prendada mirándolo, observando lo bien que estaba ahora y fijándose en cómo había cambiado:
-¿Nos sentamos?
-Claro, si...- contestó ella inmediatamente.
Las manos le temblaban. Le tenía ahí delante, de nuevo. El corazón se le subió a la garganta y los ojos se le llenaron de lágrimas.
-Bueno, y ¿qué querías decirme?¿Qué es eso tan importante?- dijo él.
-Bueno... bueno, para mi es importante, es algo... mmm... es lo que siento.
-Adelante.
-¿Te acuerdas de este banco?
-Claro, ¿porqué?
-Me diste miles de besos, me abrazaste. Tenemos fotos, muchos momentos... Escribimos aquí nuestros nombres y fíjate...
-¿Qué pasa?
-Ya no están- susurró.
-Pero...
-¡No digas nada, dejame terminar!-respondió ella con rapidez.
-Ven aquí, hacercate. Mira mis ojos.
-Preciosos- dijo riéndose.
-No, no es eso. ¿Cuántas veces te he mirado con ternura?¿Cuántas veces te has visto reflejado en ellos?
-Pues, no sé... Pero es que..
-¡Por favor, dejame acabar!
-Sigue mirando, eh, levanta la cabeza, sigue mirando. ¿Ves mi nariz?-le dijo- Te encantaba...
-Es monisima-dijo él con un tono agradable.
-Si, claro... ahora dame tu mano. Sólo necesito la yema de tus dedos.
Cogió su mano y puso la yema de sus dedos en sus lavios:
-¿Lo sientes?-le dijo ella con los ojos llenos de lágrimas.
-¿Qué tengo que sentir?-protestó él.
-Tus labios. La marca de tus besos en mis labios.-le dijo mientras bajaba su mano poco a poco hasta tu pecho.
-Pero Triana...-lo intentó de nuevo.
-Shhh, calla-rechistó- ¿lo notas? Es mi corazón. Normalmente no está así de acelerado, pero puedes hacerte una idea de cómo ha estado durante ocho meses cada vez que me besabas, que me acariciabas o simplemente, cada vez que me mirabas.
-Triana, escucha...-volvió a interrumpirla.
-Por favor, no digas nada, sólo escuchame-dijo- Ahora cogeme las manos. Hazlo, no tengas miedo.
-Que pequeñas son...- dijo entre bromas.
- Puede ser, pero fíjate, tus manos encajan perfectamente en las mías. ¿Te das cuenta?
-Triana yo tengo que decir...-interrumpió.
-No quiero que digas nada-le dijo.
-Pero...
-Sh, no digas nada. Cierra los ojos- le dijo ella mientras le acariciaba la cara.
-¿Para que?-preguntó.
-Tú hazlo, no te preocupes, no voy a hacer nada que no quieras.
Se hacercó poco a poco a él y le abrazó. Se acurrucó en su hombro, suspiró y le susurró al oído:
-¿Recuerdas nuestro primer beso? Me hiciste la persona más feliz del mundo. Después de tanto tiempo, conseguí mi recompensa. ¿Y del día en que me pediste que pasara toda una vida contigo?¿Lo recuerdas? Sin hablar de todos los días que hemos pasado el uno con el otro, de todas las batallas que hemos ganado, te todos nuestros momentos a solas. ¿Te acuerdas de todas las cosas bonitas que me decías? Sí, esas que hacían que te besara, que te abrazara... ¿Te acuerdas de todos los errores que he cometido?¿Te acuerdas de nuestras reconciliaciones?. A pesar de todo, a pesar de haberlo dado todo, a pesar de haber llorado horrores por ti, por nuestras cosas, te quiero.
-Triana yo...-le dijo.
-No habras los ojos, ¡por favor, sigue así!- exclamó- La última cosa, te lo prometo. Cierra los ojos, va. ¿Te acuerdas de mis besos, de mis abrazos?¿Te acuerdas de todo lo que hemos vivido?¿Te acuerdas de lo que te dije una vez?
-No, ¿qué me dijiste?
-Que esto era para siempre.
-Triana, antes de nada, en serio, yo quería decirte...-volvió a interrumpir.
-No me digas nada, aún no. ¿Te acuerdas de el motivo por el que empezamos a salir?
-¿Cual?
-Por que eres un sueño, porque te quiero.
-Ah...-dijo él.
-Por eso hoy estoy aquí, porque te quiero.-dijo entre lágrimas.
-Triana, ¿Sabes porqué decidí dejarlo?
-Claro, claro que lo sé...-dijo ella con un tono de voz más bajo que lo normal.
-No, creo que no lo sabes, si no, no me dirías esto.
-Pero, ¿porqué dices eso?-Dijo ella muy sorprendida.
-Porque ya no te quiero.-concluyó él.
A pesar de que su cara se volvió de un color pálido, su barbilla se encogió y permanecío inmóvil, se apreciaba cómo sus lágrimas se deslizaban por sus mejillas terminando en sus labios.
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