Al final del día, cuando llegó la noche, me di cuenta de una cosa. Por muy nublado que esté el día, por mucho que llueva, que diluvie o nieve, si hay un solo rayo de sol, solo uno, ¡disfrútalo! Que ya vendrán tiempos mejores.
miércoles, 18 de agosto de 2010
ven, te daré todos mis sueños
Los rayos de sol que se colaban por las rendijas de mi persiana me despertaron de una forma un tanto brusca. Estaba cansada, desanimada, un poco triste, con los ojos entreabiertos y sinceramente, sin ganas de levantarme. Caminaba por el pasillo dirección a la cocina arrastrando los pies y las ganas de pasar el día. ¿Dónde están los rayos de sol que esta mañana me despertaron? Estaba lloviendo a cantaros, los cristales de la cocina estaban encharcados y apenas se veía algo. Pero los rayos de sol aún estaban ahí, dando luminosidad, luz y aunque no lo pareciera, un poquito de calor. Se trataba de una tormenta de verano, una pequeña tormenta de verano... Eso no animaba mucho el día, ni lo más mínimo. Creo que ya tenia bastante con lo mio para que se pusiera a llover, sin poder salir. Sin embargo, el sol me inspiraba confianza y ganas de seguir. De todas formas esos rayos , que si permanecías un rato en ellos llegaban hasta a quemarte, no me iban a hacer que dejara de pensar en todo aquello.
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